Conciertos

Experiencia Piazzolla en el Konex: homenaje con jazz y nuevas miradas sobre su legado

El ciclo Experiencia Piazzolla en el Konex combinó tango, improvisación jazzística y arreglos contemporáneos para revisitar el legado de Astor Piazzolla con mirada fresca y rigurosa.

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Platillos y aros de una batería en un escenario vacío
(CC BY 4.0 — libre difusión con atribución a Q Company)

El pasado viernes el C Complejo Cultural Konex volvió a llenarse para recibir la segunda fecha de Experiencia Piazzolla, un ciclo que se propone algo más ambicioso que un simple tributo: repensar el universo del bandoneonista desde las herramientas del jazz actual.

El show arrancó con “Libertango” en una versión que, desde los primeros compases, dejó claro el espíritu de la noche. El bandoneón de Juanjo Mosalini dialogó con el saxo tenor de Marcelo Fernández y una sección rítmica que incluía contrabajo eléctrico y batería con influencias de jazz-rock. Lejos de la solemnidad académica, la música se soltó, respiró y permitió que cada improvisación pareciera una conversación en tiempo real.

“Adiós Nonino” fue el punto alto de la primera parte. La melodía clásica apareció desnuda al principio, casi como una confesión, para luego ir creciendo con capas de piano eléctrico y solos de guitarra que remitían tanto a Pat Metheny como a los primeros discos de Piazzolla con el Conjunto 9. El público, que llenó la sala de punta a punta, guardó silencio hasta el último acorde y luego estalló en un aplauso que duró varios minutos.

La segunda mitad del concierto se inclinó hacia composiciones menos transitadas como “Calambre” y “Mumuki”, donde el quinteto incorporó elementos de free jazz y ritmos afrolatinos. El baterista invitado, que alternó entre escobillas y golpes secos, aportó una textura casi percusiva que recordó las búsquedas de Piazzolla en París durante los años 50. No fue un mero agregado: fue una forma de actualizar el espíritu inquieto del compositor.

Entre tema y tema, el director musical tomó el micrófono para explicar brevemente el contexto de cada pieza, sin caer en la clase magistral. “Piazzolla no quería que lo tocaran como a un mármol”, dijo en un momento, y la frase resumió la filosofía del proyecto. El objetivo no es congelar el legado sino seguirlo moviendo, como él mismo lo hizo toda su vida.

El cierre llegó con “Tangazo”, en una versión extendida que duró casi quince minutos y que incluyó un duelo final entre bandoneón y saxo que dejó a la platea de pie. Al terminar, los músicos se quedaron un rato más en el escenario recibiendo el reconocimiento del público, que coreó el nombre de Astor como si se tratara de un partido de fútbol.

Experiencia Piazzolla vuelve al Konex con dos fechas más en septiembre. Para quienes todavía dudan si el tango y el jazz pueden seguir fertilizándose mutuamente, este ciclo es una respuesta contundente: no solo pueden, sino que deben. Porque el verdadero homenaje a un genio no es repetirlo, sino continuar la conversación que él empezó.

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